IVc.- La nueva política hacia el campo.

Aunque durante los años 20 se intensificaron de los movimientos agraristas en el país, la reforma agraria a nivel nacional, todavía esperaba mejores tiempos.

Para 1930 el sector ejidal solo poseía el 13% de la tierra de labor del país, aportaba solo el 11% del valor de la producción agrícola y los ejidatarios solo eran el 21% de la población rural económicamente activa.

En el último año del régimen de Álvaro Obregón y durante la gestión de Plutarco Elías calles y Pascual Ortiz Rubio se fueron agotando las posibilidades de alcanzar la tierra. Con excepción de algunos casos regionales y durante el breve régimen presidencial de Emilio Portes Gil, el reparto de tierras se reactivó nuevamente.

Para Plutarco Elías calles, quien mantuvo una enorme influencia política a pesar de no ser presidente después de 1928, el ejido era un paso transitorio hacia la propiedad privada. Pese a las cifras que muestran todo lo que faltaba por hacer en materia agraria, en los años de 1930 y 1931 Pascual Ortiz Rubio dio por concluida la reforma en nueve estados.

La nueva tendencia que se abría paso, hizo algo más que postular a Cárdenas y elaborar el Plan Sexenal. Casi al mismo tiempo, se creó un nuevo instrumento legal para el campo, el Código Agrario, promulgado el 22 de marzo de 1934.

Una de las principales aportaciones fue la oportunidad para todos de acceder a la tierra. La limitación de la categoría política quedaba cancelada.

Para esta corriente el ejido debía ser la base del desarrollo económico y social de la población campesina y del país. Los grandes repartos agrarios de este periodo no son solo salidas a presiones políticas, forman parte del diseño de un nuevo país. Si bien no todos fueron igualmente exitosos, el reparto agrario cardenista cambió profundamente al campo y a la sociedad mexicana.
 

A diferencia de los regímenes anteriores, ahora se afectaron tierras altamente productivas y en algunos casos con inversiones de poderosas compañías e incluso capital extranjero. Regiones completas pasaron a manos del ejido: la Comarca Lagunera, Yucatán, El Mante, Michoacán, el Valle del Yaqui y muchas más. Entre estas regiones prácticamente intocables se encuentra el norte de Tamaulipas.