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Y si en el Cardenismo el
ejido era considerado la
nueva base de la
sociedad rural mexicana,
su escuela sería el
centro de la vida
campesina. No solo se
impartían clases, era
lugar de reunión, centro
de información, foco de
acciones de
mejoramiento, reunión de
ligas femeninas, campaña
de salubridad, promoción
antialcohólica, entre
otras.
El maestro era el motor
de nuevas expectativas y
compañero indispensable
del campesino. La
escuela era cada vez más
una necesidad y un
motivo de orgullo para
los poblados campesinos
que ganaban la tierra y
la posibilidad de
organizar su vida de
manera autónoma. |
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